Cierto día un rey mando a llamar a sus tres hijas, al tenerlas frente de el les pregunto cuanto lo amaban.
La hija más grande instintivamente afirmo:
-Te amo mucho como el brillo ama al sol.
La segunda en un tono sereno respondió:
- Te amo tanto como la anchura del mar.
La hija mas pequeña con un tono alegre exclamo:
- Te amo como la carne ama a la sal.
El rey no conforme con la respuesta de su hija pequeña decidió expulsarla del castillo por el hecho de no amar lo suficiente a su padre. La joven se fue a la calle desamparada por suerte una noble anciana que atendía la cocina real, le pidió que se quedara con ella. Así transcurrió casi un año, hasta que un día el rey ofreció un enorme festín en el palacio la joven al enterarse le pidió a la anciana, que por favor sirviera la carne cocinada sin sal, la mujer obedeció y lo hizo de esa manera, ya en la fiesta los asistentes comenzaron a quejarse del mal sabor de la carne, afirmando que no comerían algo sin sabor, el rey mando llamar a la encargada de la cocina para exigirle una explicación, la anciana apareció con la niña quien con un tono amoroso le explicó a su padre:
- Así como la carne no tiene sabor al no ponerle sal, así es mi vida sin sentido sino tengo el amor de mi padre.
El rey comprendió entonces cuan grande era el amor que sentía su hija por el, se lanzo a sus pies y arrodillado le suplico que volviera al palacio para ocupar lo que por derecho le pertenecía. Así de esa manera la joven recupero todo lo que era suyo y regreso a vivir feliz al lado de su padre.
Fin...
Con este relato nos damos cuenta como en ocasiones juzgamos las palabras o actitudes de las personas sin darnos cuenta en realidad cual es su verdadera intención o el por que de sus acciones.
La pregunta en este día, ¿Aman a su familia como la carne ama a la sal?
Así sea.
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