Hay que disfrutar lo que poseemos y dejar de desear lo que todavía no nos ha llegado.
En lo alto de una montaña existía un hermoso castillo en el que vivía un rey que todos los días deseaba conocer el mar y navegar en un enorme barco, cada noche pedía a su narrador que le contara cuentos sobre grandes embarcaciones, cierto día el rey decidió hacer un viaje en barco, se llevo a sus personas mas cercanas con el, el rey iba muy feliz durante el trayecto, cantando, bromeando, riendo ya que era su primer viaje, al llegar al puerto todos abordaron el barco y en menos de una hora zarparon sin contratiempos, el rey subió a la plataforma del barco acompañado de sus súbditos y comenzó a admirar toda la majestuosidad del océano, en ese momento uno de sus súbditos que había vivido todo el tiempo en la montaña, comenzó a sentir un temor inmenso, miles de cosas comenzaron a acechar su cabeza, “que pasa si el barco se hunde”, “y si hay una tormenta”, “que tal si otro barco nos golpea”, “no quiero ahogarme”, hasta que no pudo controlar su miedo y se tiro al piso bramando y gritando, sus gritos eran tan fuertes que todas las personas se acercaron para ver que ocurría, el súbdito se tiro al piso pataleando y gritando, muchas personas trataron de calmarlo diciéndole que el viaje no era peligroso, pero las palabras llegaban a su mente mas no a su corazón, pasaron varios días y el viaje que pensaron seria maravilloso se convirtió en una pesadilla gracias a el.
Entonces se acerco un cocinero al rey y le dijo, señor si usted me autoriza le prometo que ayudare a su súbdito a olvidar su miedo, el rey asintió y le dijo que no solo le agradecería sino que lo recompensaría si lograba calmarlo, el cocinero mando llamar a otras 2 personas y ordeno que lanzaran al súbdito al mar, ambos miraron al rey y el les dio la orden, los hombres tomaron al hombre y lo echaron por la borda, al caer al mar el hombre comenzó a gritar mas fuerte al mismo que tiempo que pataleaba y manoteaba de pronto se hundió al cabo de un rato emergió de nuevo gritando y tragando agua, luego de un rato el cocinero ordeno, que lo sacaran del agua, al colocarlo en la cubierta del barco notaron en el un semblante tranquilo y relajado, sus gritos desaparecieron y comenzó a reír a carcajadas, desde ese momento el viaje se convirtió en lo maravilloso que debía ser, todos admiraba el mar, disfrutaban del bello mecer de la nave, comenzaron a bromear con sus compañeros por el incidente y todo transcurrió de maravilla, una noche el rey mando traer al cocinero que había salvado el viaje y le pregunto:
-¿Como sabias que el lanzar el hombre al agua ayudaría a superar su miedo?
El cocinero sonriendo le contesto:
-Hace 3 años me embarque en esta nave, mi esposa me despedía con profunda tristeza y me recibía con una gran alegría, pero la soledad de este barco hicieron que comenzara a desconfiar de mi esposa, cada vez que nos mirábamos nuestras peleas aumentaban día con día, todo por mi inseguridad y por la cantidad de cosas que pasaban por mi mente cuando no estaba con ella el pensar en su supuesta traición me hacia llorar y patalear como ese hombre, hasta que un día ella decidió abandonarme entonces comprendí lo que era vivir si ella y comencé a valorar su compañía, por suerte ella regreso al poco tiempo, prometió quedarse si yo dejaba mi inseguridad, que en ese momento había desaparecido. De igual manera este hombre no había probado el agua salada y no comprendía la agonía de un hombre ahogándose por eso pataleaba y gritaba, al conocer la experiencia valoro lo maravilloso que era el tener estas tablas bajo sus pies
_ Sabia actitud- Comento el rey.
Muchas veces nos concentramos en pensar en lo que no tenemos y dejamos de valorar lo que poseemos, cuando lo que tenemos nos es quitado entonces comprendemos su verdadero valor y se nos hace difícil el seguir sin ello, es por eso que hay que dar gracias por lo que tenemos y tratar de disfrutarlo en mayor medida, sin pensar en lo que todavía esta por venir….
Así sea.